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Es casi un hecho que el paquete fiscal del 2010 va ser igual o peor que el propuesto por Carstens. Estoy seguro que no ofrecerá la solución de fondo. Con estas preocupaciones en cabeza, me doy cuenta que desde hace unos meses recibo boletines de Todos Somos un Mundo Pequeño (TSUMP), bastión opositor a la actual dirección del Cecut, y que denuncia, a su modo - un modo quizá desgastado y passé - la situación que padece la cultura en el estado y en el país.
Desconozco por qué recibo su boletín en mi correo de Hotmail. Nunca he declarado estar a favor, ni lo contrario. En realidad me limito a cuestionar sus intenciones, y ello no me vuelve opositor. Sin embargo, recibir sus boletines me ha permitido comprenderlos, y comprender es siempre el mejor de los logros y la mayor de las dificultades. Me refiero a una comprensión que asuma, que se coloque en el lugar del otro y procure padecer y reflexionar mientras lo hace.
Y bueno, creo que no hay mucho qué decir, especialmente ahora que para comprender a un sector de nuestra sociedad es menester asumir una generalidad cuyo padecimiento a veces es insoportable, o tiránico, porque no descubres la salida y las soluciones siempre te conducen a procedimientos definitivos, a medicina cabal e invasiva. Uno quisiera reducir el asunto a escombros para volver a comenzar.
Soy escritor, tanto como lo son mis colegas de La-Ch. Ellos son además, periodistas. Y es cuando asumo lo que soy cuando comprendo la disolvencia tristísima de nuestros oficios, el anhelo perdido de lo que intentamos. Reconocer que escribo, que ahorita estoy escribiendo para que otros lean, me permite comprender y asumir la enorme tristeza que implica dedicarse a la cultura en este país.
El grupo TSUMP pregona, como otros grupos sociales, que la actitud del gobierno ha sido nociva para el quehacer cultural, y que los recortes, los presupuestos raquíticos, los ditirambos políticos y las imposiciones han contribuido a empequeñecer el trabajo cultural de la ciudad, del estado y de México. Yo quisiera, además, agregar que el trabajo gubernamental en la cultura también ha permitido el envilecimiento de los artistas.
Un envilecimiento que impide, en muchos niveles, vislumbrar a carta abierta la situación cultural del país, y que ha permitido, como otros tantos teatros y circunstancias nacionales, a seguir postergando una farsa inútil en una actualidad que torna incompatible lo que queremos con lo que se puede recibir o dar.
Ante tal situación, una situación donde los artistas y creadores se desgastan acusando y señalando a un sistema inconmovible - por rancio, cínico, vetusto e inservible -, lo único que se puede padecer es una tristeza enorme, una tristeza que quisiera susurrarle a cada artista indignado por la falta de apoyos, presupuestos e instituciones culturales, que es deshonroso rebajarse al nivel del estado, ya sea para tocar amablemente sus puertas, o para aporrearlas y derribarlas en diatribas y acusaciones.
Al final, lo que se debe hacer es retirarse de la puerta. Dejar que el dintel se pudra, que la chapa ennegrezca.
El problema toral de la cultura es que este país no consume cultura. Pocos artistas viven de lo que hacen, e incluso ellos se volvieron hábiles para colocar el sombrero y recibir prebendas. Hay becas vitalicias, hay conformismo creativo, hay apatía, hay mancebía cultural. Son pocos los que tornan la cabeza y descubren la enorme disfuncionalidad que padece el mexicano promedio en cuestión de cultura.
Casi nadie lee, las generaciones nuevas son indolentes al arte. Los jóvenes quieren consumo, quieren cultura chatarra, diseñada para destrozar aquello que les reprime, y suponen que eso es libertad, que eso es cultura. En el sitcom, en el pop pasado por agua, en Mtv, en las subculturas maniobradas por el stream mediático, no hay cultura, solo subterfugios que no favorecen la reflexión, ni la comprensión. Y sin comprensión, es muy difícil, artistas, que alguien entienda la indignación - válida o no - que padecen cuando las instituciones culturales recortan presupuestos a proyectos importantísimos en la raquítica dieta cultural de México.
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