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Pepe Rojo   
Miércoles 11 de Noviembre de 2009 19:44

(Cuarta de cinco partes de: Entre el apocalipsis y la utopía)

Según McLuhan, en la historia de la humanidad hay tres culturas, definidas por el medio dominante: la oral, la escrita y la electrónica. El futuro como posibilidad, como utopía, es propio de la cultura escrita. Nuestra cultura actual, la electrónica, todavía es difícil de entender, aunque se hayan escrito toneladas de palabras al respecto.

Es nuestro medio ambiente, y determina qué y cómo entendemos y experimentamos. Una de sus características claves es la simultaneidad. En una cultura electrónica todo ocurre ahora y todo está aquí. El presente se dilata hacia atrás y hacia adelante. "Cuando escuchas la palabra 'progreso' reconoces que estás lidiando con una mente del siglo diecinueve. El progreso se detuvo literalmente con la electricidad porque ahora tienes todo al mismo tiempo. No te mueves de una cosa a otra en el tiempo. No hay una parte del pasado que no esté aquí con nosotros, gracias a la electricidad. Ya no hay más historia, todo está aquí"  , decía McLuhan en 1969. El presente se come al pasado y al futuro. Lo retro se convierte en porvenir. "Los límites entre ciencia ficción y realidad social son una ilusión óptica" , escribe Donna Haraway. Si nuestra realidad está llena de "gizmos", la ciencia ficción se vuelve realismo; es nuestro mejor instrumento para intentar entender nuestra vida cotidiana (que ya no el futuro, que ya no la realidad).

Además, el mecanismo del proceso está íntimamente ligado a la velocidad. La aceleración de todos los procesos simultáneos provoca que el mundo parezca "un desorbitado experimento en darwinismo social diseñado por un científico aburrido que mantiene su pulgar en el botón de fast-forward" , según Gibson. Al haberse tragado el pasado y el futuro, el presente se hace increíblemente vasto y es imposible mantenerse al día con él (mi computadora siempre estará vieja, hay mil películas, mil libros, mil discos, mil videojuegos y mil sites que no he procesado). Ya no hay un más allá, sólo hay fantasmas cibernéticos llamándonos desde nuestras múltiples pantallas. Los metarelatos se vuelven una necesidad imperante que nadie tiene. Si el artista moderno de Baudelaire tenía un pie en lo "fugaz y contingente"  y otro en lo eterno, el habitante del paisaje electrónico tiene ambos pies en el presente (ya no hay donde más pisar) y de todos modos se tambalea.

La aceleración de la cultura electrónica sustituye la idea moderna de "cambio" (y revolución) por la idea de "crisis". Nuestra historia es la rápida sucesión de crisis, una tras otra. El mundo se transforma radicalmente cada dos minutos (un "refresh" preprogramado). La crisis constante de la cultura electrónica se ha vuelto nuestro modus vivendi, y la única condición de posibilidad de cambio de sus habitantes.

La mezcla de los elementos ya existentes (todo está aquí) en configuraciones que parecen nuevas se vuelve el último refugio de la creación: cyber-punk, nor-tec, avant-pop y ecotopías. Así, desde Blade Runner, el futuro parece más de lo mismo pero peor. La implosión del tiempo, que atrajo al futuro en una trayectoria de colisión con el presente, es el mecanismo básico del cyberpunk y sus "quince minutos en el futuro", que se han ido convirtiendo en diez, cinco, cuatro tres, dos, uno, ¡bienvenidos!

Para McLuhan, el artista (en cualquier campo del conocimiento) es aquel capaz de ver el presente, pues todo el mundo se siente más seguro viviendo en el pasado. Cuando alguien logra ver el presente, todos pensarán que ve el futuro. Por eso, "las utopías son 'imágenes de espejo retrovisor' de la era previa".

La condición del presente es la interfase electrónica. El estar presente (la dimensión espacial del tiempo) significa hoy en día estar presente frente a una pantalla. Un handheld me permite estar conectado a todo el pasado, el futuro y el presente esté donde esté. La conjugación de la cultura electrónica es siempre el futuro anterior: todo "habrá sido", ya no hay "será". El tiempo parece estar atascado: todo es post, o hiper o trans. Algo dejó de avanzar.

El aparato narrativo de la serie televisiva Lost explota esta situación, mediante un "aplazamiento del apocalipsis", según Nakashima-Brown, "a través del abandono del futuro en favor de una exploración de variaciones aditivas del presente" . En la serie siempre aparece un elemento que hace aún más misterios y laberíntico el presente de los personajes. El futuro ya no llega, está escondido en todas partes, sólo hay que saberlo encontrar.
Así, el tan anunciado final de todas las cosas (la muerte de esto y lo otro) es tan sólo, desde un punto de vista mcluhaniano, el cambio de las condiciones de vida anterior, el duelo que sufrimos por cambiar la imprenta por la corriente eléctrica. Es también nuestra creciente inquietud ante las implicaciones del canje.

(Lea mañana: La singularidad tecnológica. Quinta y última parte)

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replicant |201.171.86.xxx |2009-11-12 01:29:08
despues de la era electronica que sigue?? o hasta ahi llegamos? :evil:
PP Rojo |148.231.129.xxx |2009-11-12 06:23:29
Con afán de profeta de esquina, la biología como escritura.
 

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