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La singularidad tecnológica PDF Imprimir Correo electrónico
Pepe Rojo   
Viernes 13 de Noviembre de 2009 00:10

(Quinta y última parte de: Entre el apocalipsis y la utopía)

El elemento utópico-apocalíptico queda resumido por la "singularidad tecnológica" que teoriza Vernor Vinge, matemático y escritor de ciencia ficción. Para Vinge, esta singularidad es un nuevo estado, que probablemente será posible gracias a la inteligencia de las computadoras, y que será tan diferente de los seres humanos como estos últimos lo son de los animales, o las plantas de la materia inorgánica.

La "singularidad" es la esperanza (y el miedo) de algo que nos saque de esta condición, de una diferencia radical, una alteridad que le muestre opciones a un mundo en el que la globalización parece homogeneizar y hacer un espectáculo de todo.

Tomás Moro escribe su "Utopía" en latín. Gibson conceptualiza el ciberespacio en una máquina de escribir. La última gran utopía moderna, "Los Desposeídos" (1974) de Ursula K. Le Guin, nos muestra una computadora administrando la anarquía. El subtítulo de la novela de Le Guin, "una utopía ambigua", describe el cambio, esa constante de la modernidad, como el riesgo necesario de todo proyecto utópico, al mismo tiempo que sostiene la existencia de una Teoría unificada, una teoría que pueda explicar todo el universo, una verdad completa. El tiempo es el enemigo de la utopía. A manera de diálogo, Samuel R. Delany escribe "Problemas en Tritón: una heterotopía ambigua" en 1976. La utopía se temporaliza y sólo quedan las Zonas Temporalmente Autónomas de Hakim Bey , "utopías piratas", esos lugares específicos tomados por un periodo limitado de tiempo donde se abren las posibilidades utópicas y que tienen que ser abandonados con la misma rapidez y vehemencia con la que son ocupados. No hay manera de sostener una Verdad, sólo nos queda soportar sus multiplicidades.

La cultura electrónica, o condición postmoderna, hace efectivas una serie de substituciones que afectan directamente el mundo que vivimos. Del alfabeto al código binario; de la metáfora al sistema; del proyecto a la simulación. El individuo racional, con libertad de juicio y orientado hacia la Verdad, se convierte en el sujeto del siglo XX, "sujetado" a su inconciente, a la supraestructura política, a sus límites biológicos. Lo humano se convierte en posthumano. La nación en corporación. La revolución en crisis. La reflexión y el juicio son sustituidos por la sensación y la experiencia. La inteligencia individual pasa a ser inteligencia colectiva. El futuro se convierte en presente. La ciencia ficción deja de ser un género literario y se transforma en un "modo de conciencia", como la nombra Csicsery-Ronay. La ciencia ficción se libera de sí misma gracias a su muerte, y adquiere un carácter viral, infectando la literatura mainstream, infectando la realidad, convirtiéndose en "ficción teorética" , término que utiliza Shaviro para nombrar algunos ensayos. El no lugar de Moro se transforma en el no lugar de Augé, esos espacios divorciados del lugar geográfico, que están en todos lados pero que no están en ninguno, como los McDonald's, como las terminales de aeropuertos y los centros comerciales, espacios ballardianos donde todas las relaciones humanas están contractualmente definidas (y como la realidad virtual, "ese lugar en el que estamos cuando hablamos por teléfono", que es siempre un servicio que alguien provee). El lugar feliz de Moro se convierte en Disneylandia (o en Tijuana, según Krusty el payaso).

Así, el Apocalipsis (y la utopía), sucedieron ayer, y ninguno resultó ser lo que esperábamos. Ambos siguen funcionando como promesa, al mismo tiempo esperada e incumplida, porque el futuro ya no es lo que solía ser. Bajo esta perspectiva, la literatura mejor equipada para explicar la tecnología y advertirnos de sus placeres y sus peligros, parece estar determinada históricamente por su propio tema. Una vez más, parece que no escuchamos las voces de los hombres hablando sobre las máquinas. Tenemos sólo la versión de las máquinas.

"El futuro ya llegó"  escribe Warren Ellis en su cómic Doktor Sleepless, y a nadie le parece un lugar agradable. Ellis lleva su reflexión hasta una pregunta: "Alguien se robó tu futuro, ¿no te preguntas quién?". La respuesta del Doktor Sleepless, quien se caricaturiza como científico loco pues nadie le hacía caso cuando era un científico serio, es sencilla: "inmanentizar el Eschathon", hacer posible el fin de todo.

Habría que darnos cuenta, como sugiere Gibson, que el mundo ya terminó, que nuestra realidad es post-apocalíptica. Y que hay algunos de nosotros que creemos que seguimos vivos. Que las cosas pueden empeorar. Y que nada es para siempre. Para bien o para mal, todo cambia.

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Janette |201.171.20.xxx |2009-11-12 18:01:05
para lka ciencia ficcion siemre la humanidad es el puinto central, pero entonces
nuinca consideran la vida extraterreste o lo extraterrestres como una
posibilidad? creo que es tan humana como hablar de películas de asesinos en
serie, no creen?
 

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